La Llorona dejó de llorar por un instante.
—¿Por qué lloras? —preguntó Isabel con voz temblorosa. La Llorona dejó de llorar por un instante
Isabel quiso huir, pero sus piernas no respondieron. Algo en ese lamento no le parecía amenazante. Era desesperación pura. Con el corazón en la mano, se asomó a la ventana. se asomó a la ventana.